Muchas veces hacemos cosas en la
vida que no nos gustan, o mejor dicho, que nos disgustan para subsistir. Esto
puede ir desde mendigar un abrazo a alguien que realmente no necesitas que
forme parte de tu vida hasta aguantar determinadas cosas en el trabajo, familia,
amigos por miedo a perder. En ocasiones perder algo implica ganar mucho, pero
cuando llevas muchos años tomando decisiones que no sabes si son o no las
adecuadas llega un momento en el que te planteas si tu criterio es el adecuado
o no.
En mi trayectoria personal he
mendigado muchos abrazos, he aguantado aptitudes de personas en el trabajo que
no debía haber dejado pasar, muchas veces he dejado que me pisoteen por dejar
que mi lado malvado no ganara al bueno. He permitido que mi familia me toree y
me haga sentir inútil sin necesidad. He consentido a mis amigos aprovecharse de
mí para que luego cuando los he necesitado me hayan dado la espalda. Y la
verdad es que estoy muy cansada de esta sensación de dar el 100 % en muchas
ocasiones y de repente sentirme vacía o estúpida por no haber hecho las cosas
bien en su momento. Yo no soy perfecta, me equivoco muchísimo y
tomo decisiones equivocadas en muchas
ocasiones, siempre pensando en ese momento que serian las más adecuadas para mí
y para las personas importantes en mi vida. Pero pese a mis errores me
considero buena persona, muy buena y esa bondad a la larga pasa factura.
Actualmente me encuentro ante una
decisión muy importante que yo y sólo yo debo tomar. Y no sé qué hacer…no
quiero pedir consejo, ver la vida de otra persona desde la barrera y opinar es
muy fácil cuando no es uno mismo el que va a sufrir las consecuencias. Tengo
mucho miedo a equivocarme y sentir otra vez esa sensación de vacío y
culpabilidad por no haber elegido la opción correcta.
Lo que sí puedo decir que tengo
bastante claro desde hace poco tiempo (por desgracia) es que los sueños hay que
perseguirlos. Y que la posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la
vida sea interesante. Y quiero luchar con uñas y dientes por conseguir el mío.
Pero las consecuencias de ello pueden ser desastrosas… ¿Merece la pena
jugárselo todo a una carta?
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